4.--------- CRISTO, DÓLAR Y CORÁN:
4-1.- Memoria histórica:
La perspectiva occidentalista que determina nuestra comprensión de las actividades de otras civilizaciones, culturas y regiones del planeta, es la responsable del profundo desconocimiento que tenemos sobre la memoria histórica activa de muchos pueblos sistemáticamente aplastados por el expansionismo occidental y cristiano. Una constelación de tópicos racistas, de autocomplacencia occidental y de desprecio teñido de caridad cristiana, han hecho que los occidentales seamos incapaces de entender la personalidad colectiva de esos pueblos. Existen infinidad de ejemplos que demuestran esa prepotencia occidental. Sin embargo, las resistencias que opusieron y oponen esas culturas a la penetración occidental desbordó con mucho lo previsto por los estrategas y políticos blancos. Incluso en el aspecto militar estricto, son muchas y terribles las derrotas de los ejércitos occidentales causas por el engreimiento, la chulería y el desprecio hacia la capacidad de resistencia de esos "pueblos atrasados".
La irrupción del colonialismo occidental en los países musulmanes y árabes comenzó de manera de ofensiva sistemática a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Se ha dicho que la revolución militar que tuvo lugar a partir del siglo XVI en el norte de Europa, no demostró sus tremendas potencialidades hasta que, en siglo XVIII, se comenzase a destrozar las fortalezas, ejércitos y escuadras de los Estados e imperios islámicos del medio y lejano oriente. Antes hubo expediciones parciales, intentos de establecer asentamientos aislados, y antes incluso, una áspera lucha defensiva centroeuropea y mediterránea contra el imperio otomano que llegó a su punto álgido en el siglo XVI con continuidades en el XVII. Las plazas militares españolas, portuguesas, francesas e inglesas no respondían a un plan estratégico de penetración imparable como el que se inició más tarde.
Sin embargo, las masas árabes, del norte de Africa y del Próximo Oriente y en menor medida en la Turquía corazón del Imperio Otomano, guardaban profundos recuerdos de las agresiones cristianas. Una de las causas de la fuerza inicial del islamismo fue la larga historia de luchas defensivas de las tribus y ciudades árabes a las pretensiones de la Bizancio cristiana. Entre los siglos IV y VI dne toda la zona de Arabia que de inmediato sería la cuna del islamismo se vio envuelta en una serie de pugnas, tensiones y guerras en las que una coalición de poderes autóctonos entre los que había cristianos heterodoxos, se enfrentaban a los poderes delegados y representantes de Bizancio.
Vino luego el impacto en la memoria histórica de las masas árabes producido por las brutalidades cristianas durante las cruzadas. Es sabida la masacre genocida que se produjo tras la conquista de Jerusalén en la primera cruzada. Después se sucederían otras muchas. Sembraron tanto terror que muchas ciudades eran abandonadas por sus habitantes ante la llegada de los cristianos o sin resistencia apenas, como la ciudad de Damieta, en la desembocadura del Nilo en verano de 1249. No olvidemos tampoco las leoninas condiciones económicas que querían imponer los cristianos en sus negociaciones comerciales y sus efectos sobre la riqueza y forma de vida árabe.
Por último, antes del estallido del fundamentalismo de respuesta de finales de la década de los ochenta de este siglo, tenemos el conjunto de respuestas armadas analizado en el cptº 1º, cuando desde mediados del siglo XIX comienzan a producirse movimientos de resistencia. Es claro que el malestar subyacente se acrecentó en la medida de la pervivencia de viejas heridas no curadas en la memoria histórica de las masas árabes.
La memoria histórica dormida puede despertarse en determinadas circunstancias y aunque una vez consciente no puede lograr la reintauración del pasado, sí consigue construir una línea simbólica de continuidad entre el pasado y el presente que proyecta hacia el futuro ideales indefinidos, borrosos y ambiguos. Serán los poderes establecidos los que, en cada contexto, les den forma y precisen su contenido.
4-2.- Fundamentalismo yanki:
EEUU ha tenido una estrategia exterior bastante uniforme y constante en la fijación de fines y medios. La uniformidad se ha mantenido por encima de los cambios de gobierno y de políticas internas. Realmente, es algo común a imperialismos y colonialismos, pero es que el caso yanki, además de ser el más coherente, ha sido el que más y mejor ha legitimado y unido su política exterior con una mentalidad interna adecuada, incluso cuando dominaba el aislacionismo en las masas norteamericanas.
Debemos hablar de un fundamentalismo yanki: una mezcla de religión, racismo, consciente interés económico y fría disposición a utilizar la violencia cuando fuera necesario. EEUU siempre se ha dotado de un programa o credo justificador de sus tropelías y expoliaciones. No podemos por menos que citar la enconada lucha fundamentalista de grupos yankis en algo tan básico como la teoría de la evolución de Darwin, como ejemplo de la fanática defensa de dogmas bíblicos. Lo grave es que esas corrientes reaccionarias tienen un poder apreciable en EEUU; un poder no religioso-cultural sino político, económico y militar. Es sabido que Ronald Reagan, candidato a la presidencia en 1980, dijo en declaraciones públicas que la teoría de la evolución y el mito creacionista, tenía el mismo status científico. Es sabido que él y su mujer son adictos a eso que llaman "ciencias ocultas": adivinación, quiromancia, tarot, y que, en realidad, también lo es una parte apreciable de la clase política norteamericana.
Queremos decir con esto que el imperialismo yanki está profundamente soldado por una reaccionaria concepción del mundo, de la tarea de la religión cristiana-protestante en su devenir y del papel de EEUU en todo ello. Debemos conservar en la memoria un dato escalofriante: no fue hasta 1968 cuando su Tribunal Supremo declaró anticonstitucionales todas las leyes que prohibían enseñar la teoría evolucionista. La actual contraofensiva reaccionaria, el "pensamiento políticamente correcto", el intento de obligar a poner el crucifijo y a rezar en las escuelas, etc., son muestras de una involución fundamentalista que va pareja al llamado "Nuevo Orden Mundial" y a la programada apología internacional de las intervenciones militares occidentales. Aunque no tenemos espacio para detallar los intereses globales precisos en cada programa o credo fundamentalista yanki, sí vamos a presentarlos sucintamente.
En la primera época se trataba de dominar Latinoamérica y el credo fue la Doctrina Monroe que oficialmente dice que "América para los americanos" pero es "América para la burguesía yanki". Buscaba legitimar las presiones contra Inglaterra, Estados español y francés y en menor medida Rusia en Alaska. En 1918 Wilson lanzó el credo de la Liga de las Naciones. Asegurado el control de Latinoamérica se necesitaba una apariencia de no injerencia abierta con imperialismos emergentes como el japonés y el alemán, a la vez que se boicoteaba a la URSS. En 1944 Roosevelt y Truman fundaron el credo de la ONU y de Bretton Woods mediante los cuales se legitimaba el férreo control anticomunista luego aumentado por Eisenhower. Kennedy reforzó el control de la ONU por EEUU con la "Alianza para el Progreso" que era una adecuación ante las resistencias del Movimiento de los No Alineados.
Tras la derrota de Vietnam, Carter instauró el dogma de la Santísima Trilateral en la que EEUU era el dios-padre. Reagan dio un paso más decidido al actualizar el histórico conservadurismo yanki endureciendo su anticomunismo, su racismo y su occidentalismo a ultranza respondiendo a los intereses del complejo industrial-militar. Desaparecida la URSS Bush elevó a los altares al "Nuevo Orden Internacional" que fracasó casi de inmediato pero que sentó las bases para el actual "Contrato con América" de la derecha republicana que expresa el núcleo de los intereses del fundamentalismo yanki.
Luego veremos cómo recorre a todos ellos una misma identidad eterna, esencia pura, omnipotente y omnisciente: el criterio occidental de "progreso" y "desarrollo".
4-3.- Hasta 1945:
Desde sus primeros orígenes como Estado independiente USA se caracteriza por cuatro constantes que luego reaparecerán una y otra vez: una, profundo sentido religioso interno y aunque el Estado no sea oficialmente confesional, en la práctica, la religión cristiana en su versión protestante tiene un peso fundamental; dos, desprecio racista de los pueblos y culturas no anglosajonas, no protestantes y no blancas, por este orden; tres, defensa a ultranza del libre comercio mundial definido siempre desde y para los "intereses nacionales" yankis; y cuatro, decidida voluntad de competir con los otros imperialismos por el control de las zonas del planeta todavía no colonizadas y cuando se hace preciso, penetrar, presionar y expulsar de esos territorios a los antiguos imperialismos.
Las cuatro características explican la importancia en la historia y en la economía de EEUU de dos elementos clásicos: las unidades militares de intervención en el exterior y el peso y papel crecientes de la tecnología militar en la economía y la política yankis. Al principio fue un ejército pequeño comparado con los europeos pero muy bien armado y organizado. Desde sus orígenes aquél ejército requería de una tecnología siempre a la vanguardia lo que exigía estrechas relaciones políticas con el complejo económico. Podemos comprender así que ya en 1806 el imperialismo yanki atacara en dos frentes claves para determinar el desarrollo ulterior de los fundamentalismos de respuesta no occidentales: contra China en la "guerra del opio" y contra los berberiscos. Luego, sobre todo a partir de 1845, se multiplican sus agresiones imperialistas en especial en su autoproclamado "patio trasero" latino y centroamericano, aunque ya en 1854 choca con Japón abriendo una herida aun no cerrada, en 1889 con Filipinas y Hawaii, en 1899 con Guan y en 1900 con China.
Nos encontramos en este período con los factores históricos que con el correr del tiempo darán cuerpo a tres de los más famosos fundamentalismos de respuesta: uno, el de la Teología de la Liberación que nacerá en Latinoamérica como reacción a los efectos terribles del imperialismo yanki y al colaboracionismo de la burocracia católica; dos, las bases germinales de las resistencias islámicas en el Mediterráneo, Filipinas y partes de Asia y tres, la reactivación del sintoísmo nipón como sostén ideológico del imperialismo japonés.
Sin embargo, hasta 1945 EEUU no dará el salto definitivo. Sí utiliza la Primera Guerra Mundial como trampolín expansionista, pero no con la intensidad y coherencia estratégica posterior a 1945. Una de las razones es que dominaba dentro de EEUU un considerable sentimiento aislacionista cara al exterior. Manipularlo y debilitarlo fue una de las obsesiones permanentes de los sucesivos gobiernos yankis. Uno de los métodos más efectivos para expandir el sentimiento explícitamente expansionista y agresivo fue y es el de azuzar el fundamentalismo de "pueblo elegido", de "reserva democrática de occidente", etc.
Un ejemplo de esa concepción totalitarista y excluyente lo tenemos en la condición impuesta por EEUU al Japón aplastado militarmente en enero de 1946 de que el emperador renegase públicamente de la naturaleza divina que le otorgaba y confería la religión oficial sintoísta nipona. El fundamentalismos yanki triunfante no podía tolerar que Japón siguiera rindiendo culto religioso a su emperador. En realidad, esa imposición incalificable se sustenta en la tesis del desarrollismo defendida por EEUU en 1944 y asumida como eterna y objetiva por Bretton Woods y sus instituciones. Cierto es que los cambios mundiales obligarán a añadirle adjetivos sucesivos: "desarrollo humano", "desarrollo sostenible", "desarrollo social", etc. Verdad es que en otros momentos el desarrollismo se despliega abiertamente como "progreso" capitalista, sobre todo en la célebre "Alianza para el Progreso" de los sesenta. Pero en el fondo se trata de lo mismo.
Queremos decir que ya en 1944 EEUU tenía un fundamentalismo ofensivo y agresor muy coherente que estructuraba al desarrollo de Bretton Woods, a la "Alianza para el Progreso", al "desarrollo sostenible", al "Nuevo Orden Mundial" y al muy reciente "desarrollo social" sancionado por la ONU oficialmente. El fundamentalismo cristiano-capitalista cambia de piel pero es el mismo. No nos deben extrañar, por tanto, el profundo rechazo de los fundamentalismos de respuesta a semejante concepción práctica totalitaria y absorbente.
4-4.- Hasta 1973:
En 1946 EEUU tiene bases militares y presencia política dominante en Marruecos, Túnez, Argelia, Libia y Egipto, es decir, en un área en la que actualmente el fundamentalismo de respuesta islámico tiene especial implantación. Pero todavía tiene sin perfilar su estrategia ulterior. Es Truman el que oficializa la línea ideada por G.F.Kenan de "contención del comunismo" y de "guerra fría".
Precisamente en 1946-1947 EEUU opta por integrar a Turquía en su esquema defensivo forzando, entre otras cosas, una rápida y desestructurante occidentalización del país. Meses después EEUU se lanza a "pactar" con multitud de regímenes y Estados árabes y musulmanes en Próximo y Extremo Oriente, como es el caso de Pakistán, Afghanistán e Irán. Tenemos así el núcleo de lo que serán con los años tres de los focos más intensos de respuesta islámica al fundamentalismo cristiano-capitalista: Irán, Turquía y Pakistán. Conocemos la situación iraní y afgana; en Turquía se expande el islamismo como respuesta a la occidentalización forzosa tan destructiva y en Pakistán, tras las sangrientas guerras con la India hinduísta, existe ahora una guerra a tres frentes entre islamistas, cristianos e hinduístas, que cada vez afecta más a los budistas.
La ofensiva fundamentalista occidental y cristiana se basó en el mito de la "democracia" y en las tesis del alemano-yanki Morgenthau que asentó en la visión yanki el sentido de la continuidad occidental, naturalmente guiada por EEUU. Morgenthau trazó la línea seguida desde Keenan hasta Kíssinger cambiada abruptamente por Reagan. Ideó el plan de ruralización y desindustrialización de la RFA, no aceptado por las mismas exigencias de la "guerra fría". Además de la presencia yanki estaba la de los debilitados imperialismo francés e inglés que prácticamente se hicieron agentes de EEUU en zonas como las colonias francesas y semicolonias de Marruecos y Túnez y el control de Siria, el control de Libia, los dominios y semidominios ingleses muy en especial el de Egipto, Sudán y Palestina, o la situación del Líbano. Todos ellos países de una complejidad social en aumento.
El fortalecimiento creciente de la URSS durante toda la década de los 50 y el ascenso de los procesos de liberación nacional y social, especialmente la victoria revolucionaria de China, unido a la caída en picado del imperialismo anglo-francés, fueron la excusa de EEUU para endurecer sus agresiones. Dos síntesis del período y con especial valía para el tema que tratamos, son el del nasserismo en Egipto y la histórica Conferencia de Bandung:
En 1952 se produce el golpe de Estado que derriba al rey Faruk I; en 1953 se proclama la república; en 1954 Nasser toma el poder y compra armas a Checoslovaquia; en 1956 nacionaliza el canal de Suez ganándose las simpatías de millones de árabes. Estalla la guerra con Israel y la intervención anglo-francesa para recuperar el canal de Suez concluye en un fracaso. EEUU y la ONU la condenan y aumenta el prestigio de la URSS, lo que lleva a Eisenhower a comprometerse activamente a favor de los atemorizados poderes árabes e islámicos. Dos de las razones que explican la fuerza del fundamentalismo de respuesta en Egipto y toda el área radican en el fracaso del "socialismo nasseriano" y en los terribles efectos de la "ayuda" yanki a las atemorizadas clases dominantes.
La decidida opción yanki no responde únicamente a la "crisis de Suez", también a la celebración en 1955 de la Conferencia de Bandung destinada a presionar desde posturas de "neutralismo activo" a EEUU para que frene su carrera nuclear. Participaron: Arabia Saudí, Japón, China Popular, Filipinas, Egipto, Camboya, Ghana, Etiopía, Jordania, Irak, Irán, Pakistán, Birmania, Laos, Líbano, Nepal, Nigeria, Ceilán, Indonesia, Vietnam del norte y del sur, India, Turquía, Siria, Yemen, Liberia y Sudán.
Otra de las razones del fundamentalismo de respuesta radica en el fracaso de los intentos bienintencionados de controlar con medios pacíficos y a lo sumo de "neutralidad activa" al imperialismo occidental. Es más, conforme EEUU mejora sus líneas de ataque y alianza con las burguesías internas de muchos de esos países, más se desarrollan las condiciones de surgimiento de fundamentalismos defensivos. Ello se demuestra analizando los efectos causados por la nueva política de "respuesta flexible" introducida por Kennedy al cerciorarse de las limitaciones de la anterior de "represalia masiva".
Pero lo más importante de la "respuesta flexible" es que va unida a la "Alianza para el Progreso". El fundamentalismo cristiano-capitalista tiene es este programa una de sus mejores definiciones: el "Progreso" es definido desde y para los criterios occidentales. Las tesis de la "Alianza" están cogidas del libro de Rostow "Las etapas del crecimiento económico", una loa al economicismo y desarrollismo a ultranza como los únicos criterios de valoración.
En 1961 se celebra la II Conferencia de Países No Alineados suponiendo otro mazazo para EEUU. Con el tiempo se verá que el fundamentalismo de respuesta tiene también orígenes muy precisos en la estrategia directa y permanente de EEUU por destruir o dañar irremisiblemente a los tres países fundadores del movimiento de los No Alineados: India, Yugoslavia y Egipto. Al margen de otros factores, no se puede negar que la estrategia yanki de enfrentar a Pakistán con India, de minar internamente a Yugoslavia, y de armar hasta los dientes a Israel para asfixiar a Egipto, es directamente responsable de los feroces conflictos islámico-hindúes, servio-croato-bosnios e interiores a Egipto.
La estrategia yanki no era perfecta ni de efecto inmediato. Mientras el capitalismo mundial vivía una fase larga expansiva y la URSS podía aún mantener su impresionante crecimiento cuantitativo y extensivo, las maniobras de EEUU chocaban con fuertes resistencias como quedó demostrado a finales de los sesenta en prácticamente todo el Oriente Medio, en grandes áreas de Africa y Asia, sin extendernos ahora a la situación latinoamericana. Pero a finales de los sesenta el capitalismo entra en crisis prolongada y en 1973 estalla la "crisis del petróleo" que no es sino un efecto específico de la crisis existente con anterioridad. Ya para entonces EEUU se ha dotado de una nueva línea elaborada por Kissinger según la cual EEUU "protegerá" las áreas estratégicas mundiales -bases militares, materias primas vitales y recursos energéticos- y contará con ayuda aliada para mantener el orden en el resto. La victoria militar de Israel en la guerra del Jon Kipur es consecuencia suya.
4-5.- Hasta hoy:
Dicha estrategia será la responsable del conjunto de movimientos de cerco y ahogo de la OPEP y en general de los países árabes y musulmanes. No podemos analizar ahora la complejidad extrema del proceso de imposición del fundamentalismo occidental que se materializa en 1979 con los "acuerdos" de Camp David en los que se rinden las burguesías árabes representadas por Egipto. Camp David fue un tremendo bofetón al digno orgullo musulmán y árabe. La aplastante victoria de EEUU-Israel significaba la victoria aplastante del fundamentalismo occidental.
Para lograrlo, EEUU utilizó además de recursos políticos, económicos y militares, cuatro medios: uno, abrumadora dictadura informativa y cultural; dos, parón del Concilio Vaticano Segundo impuesto por Paulo VI y luego dura contrarreforma tridentina desencadenada por Juan Pablo II; tres, nacimiento de la tétrica Comisión Trilateral y cuatro, el endurecimiento ofensivo de EEUU contra una URSS que en 1974 da muestras de debilidad exterior y económica interior y que luego se precipita en la crisis global desde finales de los setenta.
Pero mientras se firma la rendición de Camp David cae la monarquía Palhevi en Irán y comienza la revolución popular que rápidamente daría el poder a los musulmanes chiitas liderados por Jomeini. Irán había sido una pieza clave en el organigrama yanki. Todas las corrupciones y vicios occidentales habían arraigado en Persia. La desestructuración y arrasamiento de cuajo de la identidad simbólica del pueblo unidos a una represión feroz, a unas desigualdades sociales incontenibles, hicieron que en tan poco tiempo se hundiera uno de los pilares del imperialismo yanki.
Pero hay dos factores que debemos tener en cuenta porque aclaran mucho el proceso iraní: la invasión de Afghanistán por la URSS a los pocos meses de la revolución, en diciembre de 1979 y luego la invasión de Irán por Irak en septiembre de 1980 y la devastadora guerra consiguiente, reforzaron la legitimidad chiita dentro de Irán, debilitaron mucho la ya débil legitimidad soviética en el mundo árabe-musulmán y terminaron por hundir el poco prestigio de EEUU entre esas masas, a la vez que ponía en entredicho a Irak.
Mientras Irán resiste se van conociendo las maniobras divisionistas de EEUU e Israel, así cómo las opciones prooccidentales de las burguesías árabes y musulmanas más importantes: Arabia Saudita, Egipto, Marruecos, Turquía, etc. Por otro lado, las grandes petroleras imperialistas presionan a la OPEP durante todo 1981 para que mantenga bajos los precios del crudo. Las consecuencias de esta estrategia global son desastrosas para las masas musulmanas. La OLP es llevada a una situación interna insostenible a la que vez expulsada de Beirut. Siria es aislada. Libia es criminalizada. Argelia debe girar hacia EEUU. Israel se frota las manos de contento.
Estos años son decisivos para comprender la evolución posterior del fundamentalismo e integrismo árabe-musulmán. De un lado, las masas van cayendo en una pobreza creciente pero las clases dominantes se occidentalizan y enriquecen. De otro lado, la prepotencia occidental llega a los rincones más recónditos mediante la invasión televisiva y turística. Además, la omnipotencia de Israel y el imperialismo occidental, recordemos Chad, Sudán, etc., unido a lo anterior despierta viejos recuerdos y fantasmas históricos. Por último, los poderes árabes y musulmanes llevaban ya un tiempo apoyando a los grupos más ortodoxos, integristas y fundamentalistas del culto musulmán y es entonces cuando les empiezan a dar cabida en sus medios propagandísticos.
La invasión de Irak y el comportamiento prooccidental de casi todas las burguesías árabes radicaliza los sentimientos de las masas. La desintegración de la URSS, ya desprestigiada por su intervención en Afghanistán, debilita aún más a las organizaciones que de algún modo u otro se mantenían a su sombra. El comportamiento del FLN argelino y el apoyo que recibe de las "democracias occidentales" para mantenerse en el poder; la situación en Egipto; los problemas palestinos; la intervención en Somalia y los problemas en el Sudán y el Chad; las luchas crecientes en Pakistán y zonas de la India; la guerrilla islámica en Filipinas; las noticias sobre Bosnia y el racismo europeo contra todo lo islámico... para las masas árabes depauperadas todo indica que el gran responsable es Occidente. ¿Una nueva cruzada?
Es innegable la fuerza y razón emotiva de interrogantes así. Sociedades como Turquía, Repúblicas ex-soviéticas, Irán, Afghanistán, Palestina, Arabia Saudita, Egipto, Sudán, clanes de Somalia, Argelia, regiones de Centro Africa, zonas de Pakistán y de Filipinas, etc., se caracterizan por haber vivido profundos y desestructuradores cambios sin apenas contar con instrumentos organizativos capaces de pensar y responder colectivamente. En estas sociedades los poderes religiosos aparecen como los únicos referentes históricos, pues los poderes políticos oficiales están cada vez más desacreditados.
4-6.- El ganador:
Pero el ganador no es el pueblo sino el imperialismo en primera instancia y, en segunda, las clases dominantes árabes y musulmanas. Tres son las razones que lo explican:
Una, que a excepción de muy contadas organizaciones fundamentalistas, la gran mayoría tienen una orientación de clase, sociopolítica y socioeconómica muy conservadora, por no decir reaccionaria. Incluso en el caso iraní, con su propaganda fieramente antiyanki, la realidad socioeconómica y sociopolítica no es lo que se puede llamar progresista. En cuanto a las organizaciones argelinas hay que decir que, hasta ahora, han respetado escrupulosamente los intereses yankis. En Palestina, Hamas no tiene en la práctica ninguna estrategia progresista. En Egipto, los Hermanos Musulmanes tampoco. No hace falta seguir.
De hecho, no debe extrañarnos semejante incapacidad. Sus orígenes se remontan a las propias ambigüedades internas del Corán y a la incapacidad del fundamentalismo e integrismo para desarrollar una práctica consecuentemente revolucionaria. Además, son muy sólidas las relaciones entre los estamentos religiosos ortodoxos y determinadas fracciones de las clases dominantes que les han estado subvencionando. La ausencia o extrema debilidad de organizaciones izquierdista facilita la tarea a la penetración del mensaje de "hermandad musulmana" en unas masas empobrecidas y desestructuradas. Un factor de enorme cohesión fundamentalista es el sentimiento patriarcal de peligro de su poder cotidiano ante la invasión de las televisiones occidentales y sus imágenes sexuales.
Dos, el grueso de las clases dominantes árabes, así como Israel, sabe que un sabio y controlado integrismo interclasista, antimodernista y carente de proyecto revolucionario, además de patriarcal, es altamente rentable en el contexto actual y en la perspectiva a medio y largo plazo. Los poderes árabes conocen de sobra las implacables exigencias estratégicas del imperialismo en cuanto al petróleo. Saben que Occidente y Japón no van a permitir ninguna veleidad en las áreas petrolíferas. La lección de Irak está permanentemente ante sus ojos y cuando le toque a Irán, Occidente machacará a Irán. Para la burguesía árabe, dependiente y delegada, es mucho más peligroso una reacción igualitarista de masas que un fundamentalismo económicamente neoliberal.
La burguesía árabe sabe que en caso extremo, incluso con el FIS en Argelia, Hamas en Palestina, los Hermanos Musulmanes en Egipto, etc., incluso así no perderá el poder. Tal vez haya algunas purgas y sobre todo le prohiban las formas occidentales de vida, como en Irán, pero son males menores que se aceptan gustosamente con tal de seguir en el poder. La burguesía árabe, como la latinoamericana, tiene infinitamente más miedo al socialismo que a la religión, aunque ésta aparente una radicalidad absoluta.
Tres, por último, el imperialismo sabe que puede asestar tan feroces y destructores golpes militares a los árabes; que puede someterles a tal boicoteo y cerco económico, tecnocientífico, sanitario y alimenticio; que puede hacerles retroceder a la edad media, como a Irak, si fuera necesario, que no tiene más preocupación que la de buscar el medio más adecuado para mantener su control. Es decir, por ahora y mientras le sea rentable, mantener el statu quo, pero si llegase la necesidad de ocupar las zonas de extracción de crudo, puntos geoestratégicos, redes viarias, gaseoductos y oleoductos, etc., el imperialismo sabe que tiene medios militares de sobra.
No es sólo superioridad cuantitativa, de cientos de miles de soldados especializados, armados con los más mortíferos ingenios de guerra inteligente, guerra electrónica, guerra biológica y nuclear tácticas, transportables en poquísimo plazo de tiempo al corazón mismo de Arabia o Argelia, Irán o Libia. Es superioridad cualitativa imposible de ser igualada por los árabes, si quisieran intentarlo. Recordemos que no hablamos de agrestes y cerradas selvas vietnamitas sino de extensos, planos y abiertos desiertos en donde la modernísima letalidad carece de obstáculos. Ya no existe la URSS y tampoco "vías Ho Chi Min", ni retaguardia laosiana ni camboyana. Peor: no hay partidos comunistas dispuestos a luchar a ultranza. Además, Vietnam no tenía petróleo.
Que no nos engañe la propaganda imperialista: no hay "peligro fundamentalista islámico" alguno. Sí existe un verdadero "peligro occidental" no sólo para los árabes sino para nosotros mismos.